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La importancia de los libros infantiles para la formación de lectores


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Publicado en 17/06/13 às 10h45 envie a um amigoenvie a un amigo

Cuando me invitaron a escribir sobre este tema, dos cosas irrumpieron en mi mente: la primera, el miedo a escribir algún disparate, ya que no soy una especialista en esa área, sino tan solo una apasionada de la literatura, principalmente de la infantil. La segunda fue la convicción de que los libros no sirven tan solo para formar lectores, sino también para formar gente, gente de verdad.

El principal papel de los libros en la infancia es ampliar nuestros horizontes. Es servir de combustible para la creatividad —que, en la infancia, además, es enorme— y, sobretodo, estimular el pensamiento; mejor dicho, la libertad de pensamiento. El libro tiene que ser nuestra pista de aterrizaje y despegue hacia nuevas aventuras, nuevos descubrimientos. Los niños que reciben estímulos para desarrollar su capacidad creativa y de razonamiento son más felices, se relacionan mejor y logran abstraerse mejor de los dilemas impuestos por la vida, como, por ejemplo, las pérdidas, la ausencia, los desafíos y la falta de amor.

Un niño no necesita una historia lista. Solo necesita una trama para tener la libertad de viajar. Le gusta lo bello, lo lúdico y lo creativo, ya que estos son los elementos fundamentales para que imagine sus historias. Sin embargo, en las librerías solemos encontrar libros que, al acabar de leerlos, nos hacen pensar: ¿pero un niño lo va a entender? ¡Claro que sí! A su manera, claro. ¿Hay una forma correcta de descifrar un libro?

Mi generación —la de un Brasil prácticamente rural— creció de la mano de Doña Benta y sus magníficas historias. ¿Quién nunca se imaginó en las aventuras de Emilia y compañía? Monteiro Lobato sintetizó con primacía el mundo imaginario de toda una generación que soñaba con la llegada de las vacaciones escolares para disfrutarlas en casa de sus abuelos. Actualmente —con un Brasil más urbano— llevamos a nuestros hijos a Disneyland, los ponemos en contacto con otras culturas mucho antes. El acceso a la información es mayor, y el contenido, muchas veces, llega pronto. Por todo ello, los libros son fundamentales para profundizar el pensamiento y, al mismo tiempo, estimular la sensibilidad.

El libro en la infancia no solo forma lectores. Forma gente. Gente que aprende a llorar, a sonreír; a decir la verdad y, de vez en cuando —solo de vez en cuando— a mentir; a emocionarse y a proporcionar al prójimo la emoción de servir.

Por Claudia Buzzetti Calais, directora ejecutiva de la Fundación Bunge



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