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Arquivo de Dezembro de 2012

Fudai, tsunamis y gestión de riesgos para el patrimonio cultural


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Publicado en 20/12/12 às 09h30 envie a um amigoenvie a un amigo

Cuando, en la década de los 70, el alcalde de la ciudad de Fudai (Japón) decidió construir un muro de 15,5 metros de altura para protegerla de los tsunamis, a un costo equivalente a 30 millones de dólares actuales, su decisión fue duramente criticada por considerarse un desperdicio de dinero público. El alcalde falleció en 1997, sin haber presenciado nunca el uso de tal barrera protectora... Casi 30 años después de la finalización de las obras, en marzo de 2011, un terremoto de gran intensidad sacudió la región y generó un tsunami, de proporciones similares, que devastó parte de la costa noreste de Japón. Fudai, situada en la zona afectada por el tsunami, donde muchas ciudades sufrieron una gran destrucción, permaneció prácticamente intacta y sin víctimas. Las compuertas del muro se cerraron y bloquearon eficientemente las olas destructivas, lo que dejó claro que era una excelente medida de reducción del riesgo, relativamente insólito, pero catastrófico, de los tsunamis.

Este ejemplo puede aplicarse perfectamente a muchas instituciones patrimoniales, expuestas a riesgos de elevada magnitud que a menudo se desconocen o no se consideran prioritarios, o se pasan por alto por ser relativamente inusuales, por el elevado costo de las medidas de seguridad o por la poca visibilidad o aceptación que supone implantar estas medidas, las cuales pueden ser fundamentales tan solo años después, posiblemente en gestiones subsiguientes. El riesgo de incendio en instituciones patrimoniales, que por lo general suele ser elevado y cuyas medidas de prevención requieren una inversión significativa, ilustra bien esta situación.

Los gestores de acervos culturales, para poder tomar decisiones bien instruidas y eficaces que contemplen la preservación a largo plazo, el acceso y el uso sostenible de estos acervos, necesitan tener una visión completa de todos los peligros que les afectan, así como de la frecuencia o rapidez con la que suelen ocurrir y de su impacto potencial, o sea, en lo que se refiere a pérdidas y daños. Estos peligros incluyen desde eventos catastróficos generalmente menos frecuentes (inundaciones, deslizamientos de tierra, incendios de grandes proporciones, etc.) hasta los procesos graduales y acumulativos de degradación que afectan a los materiales que constituyen los acervos culturales (corrosión de metales, decoloración, debilitamiento estructural por reacciones químicas diversas, biodeterioro, etc.). Una evaluación exhaustiva de todos los riesgos posibles y sus respectivas magnitudes permite establecer prioridades de acción y asignación de recursos, generalmente limitados, para la salvaguarda y la fruición de nuestras colecciones, construcciones y sitios patrimoniales en sus respectivos contextos. Todo ello, a su vez, estimula una gestión más transparente y una mayor integración interinstitucional e intersectorial.

La gestión de riesgos, una herramienta de gestión bien establecida y ampliamente utilizada en otros sectores, como medioambiente, salud, tecnología, economía, etc., y recientemente introducida en el campo del patrimonio cultural, no solamente permite la identificación exhaustiva, el análisis cuantitativo y la priorización de riesgos para un determinado acervo cultural, sino también contempla el desarrollo de medidas eficaces y estrategias sostenibles para la prevención de esos riesgos según su nivel de prioridad. La identificación sistemática y exhaustiva de riesgos para el patrimonio cultural se beneficia del uso de herramientas conceptuales como los 10 agentes de deterioro de acervos (fuerzas físicas, crímenes, agua, fuego, plagas, contaminación, luz y radiación ultravioleta e infrarroja, temperatura incorrecta, humedad relativa incorrecta y disociación) y las capas de envoltura de acervos (región geográfica, entorno, edificio, sala, unidades de almacenamiento, materiales de embalaje y soporte). Los riesgos se identifican según cada agente de deterioro y en las diferentes capas de envoltura del acervo. Para el desarrollo de opciones dirigidas a la eliminación o reducción de riesgos, otra herramienta conceptual utilizada son las etapas de control de riesgos, que incluyen: evitar (la fuente de riesgo), bloquear (los agentes de deterioro), detectar (los agentes de deterioro en las áreas del acervo y sus alrededores), responder (de forma rápida y eficaz a la presencia de los agentes de deterioro) y recuperar (del daño causado, según la necesidad). Obviamente, la prioridad del tratamiento de riesgos es la prevención. Sin embargo, una gestión de riesgos responsable debe prever un grado de redundancia con medidas reactivas, en caso de que las preventivas fallen. Las medidas desarrolladas se evalúan críticamente según criterios de viabilidad, sostenibilidad, relación costo-beneficio, complementariedad o conflicto entre sí, introducción de riesgos colaterales, etc. Esto permite seleccionar con fundamento las opciones más eficaces, cuya implantación puede estructurarse en un plan de tratamiento de riesgos.

La adopción seria y la integración de la gestión de riesgos en nuestras instituciones y órganos patrimoniales seguramente contribuirá a optimizar el uso de los recursos disponibles y a reducir significativamente pérdidas y daños futuros del patrimonio, en especial aquellos que resultan de la falta de información y criterios sólidos de priorización. Para poder traspasar nuestros acervos culturales a las generaciones futuras con la menor pérdida de valor y la mayor accesibilidad posible, es imprescindible evitar las especulaciones y pasar a tomar las decisiones dirigidas a la protección de ese patrimonio a partir de criterios bien definidos y de justificaciones basadas en datos estadísticos y técnico-científicos confiables. Obviamente, la gestión del riesgo implica la gestión de la incertidumbre. No podemos prever el futuro con un 100 % de certeza, pero se pueden hacer previsiones bien instruidas y verdaderamente útiles para orientar las tomas de decisiones y maximizar su impacto sobre la preservación del patrimonio cultural. Es esencial, sin embargo, que los gestores y autoridades estén realmente dispuestos a utilizar esta herramienta, aunque ello signifique realizar acciones poco visibles, aparentemente onerosas y sin resultados inmediatos a corto plazo. Hay que tomar como ejemplo el caso de Fudai y empezar a construir una cultura de gestión de riesgos para nuestros acervos culturales.

Por José Luiz Pedersoli Jr., científico de conservación y especialista en gestión de riesgos para el patrimonio cultural.

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